Reino Unido acusa: ¿Qué pasa en sus servicios sociales?

  • Se suceden tres casos de abusos graves a menores
  • Los Servicios Sociales realizaron previamente varias inspecciones y no detectaron nada

Por CELIA MAZA DE PABLO (SOITU.ES)
Actualizado 28-11-2008 12:42 CET

LONDRES.- La prensa no está autorizada a revelar su nombre, pero en el Reino Unido ya se le conoce como el ‘Fritzl británico‘. Durante casi 30 años violó hasta en mil ocasiones a sus dos hijas. Las maltrataba, les quemaba la cara, las encerraba en casa y las amenazaba con quitarles a los siete ‘nietos hijos’ que tuvo con ellas. Las dejó embarazadas hasta en 19 ocasiones. Dos de los bebés murieron nada más nacer, pero las víctimas sufrieron diez abortos.

La aterradora historia de este individuo, del que sólo se sabe su edad (56 años), sale ahora a la luz a través de los medios británicos, que se han hecho eco del proceso judicial abierto después de que una de sus hijas se atreviera a pedir auxilio, el pasado mes de febrero. La justicia británica le ha impuesto una pena de 25 cadenas perpetuas, pero la cuestión es ¿cómo no detectaron nada los servicios sociales cuando en reiteradas ocasiones estuvieron en contacto con las dos mujeres y siguieron cada uno de estos embarazos?

El primer ministro, Gordon Brown, ha exigido responsabilidades, pero la sociedad británica no está tranquila. El caso del ‘Fritzl británico’ tan sólo es uno más de la larga lista hecha pública este mes, en la que se deja claro la pasividad de estos profesionales.

Las imágenes de Baby P. han conmovido a Inglaterra.

Los rotativos aún reflejan en sus portadas la fotografía del conocido como ‘Baby P’, la víctima de otro espeluznante episodio que dejó paralizado al país. Con sólo 17 meses, el pequeño fue encontrado muerto en su cuna, rodeado de manchas de sangre y con ocho costillas rotas. El niño tenía más de 50 heridas, 15 de ellas alrededor de la boca. Durante sus ocho últimos meses de vida fue usado literalmente como saco de boxeo por su madre, su pareja y un amigo de ambos. En la autopsia encontraron restos de sus propios dientes en el estómago.

El niño fue inspeccionado 18 veces por personal del Ayuntamiento, 37 veces por inspectores de sanidad y cinco por oficiales de bienestar. Hacían un total de 60 visitas. El pequeño había estado hasta en 20 ocasiones en el hospital con moratones, heridas, traumatismos y mordeduras. La falta de pruebas hizo que se ralentizara todo el proceso. ¿Cuántas pruebas más hacían falta?, se preguntan ahora.

El caso del ‘nuevo Fritzl’ no resuelve dudas. Los abusos a sus hijas comenzaron en 1979. La más pequeña sólo tenía ocho años. Las violaciones se repetían por el día y por la noche. En determinadas etapas, fueron hasta tres ataques por semana. La violencia era constante, por lo que su esposa y su único hijo decidieron abandonar la casa. Entonces se quedaron solos el maltratador, las víctimas y su ‘prole’.

Según relató una de las hijas en el juzgado, el violador se valía de un cinturón para imponer su voluntad. Eran muy frecuentes además los castigos a la menor, a la que acercaba su cara a las llamas del gas cuando “se había portado mal”. Hoy pueden verse sus cicatrices. A la mayor, le llegó a pedir 100 libras al mes si quería que las violaciones terminaran. Las hermanas estaban tan desesperadas que, durante una etapa, le daban a su agresor whisky de manera regular con la esperanza de que muriese.

Shannon Matthews, de nueve años, encontrada drogada debajo de la cama de su tío.

En 1997, la policía emprendió una investigación después de que el hermano de estas mujeres les hablara de un posible incesto, pero no ocurrió nada porque las víctimas se negaron a hablar. El agresor encerraba a las hijas en sus dormitorios cuando salía de la casa y les tenía prohibido hacer amistades con chicos o salir solas del domicilio.

Cada seis meses, la familia cambiaba de domicilio en los condados de Yorkshire y Lincolnshire y el padre elegía siempre lugares solitarios para no despertar sospechas entre los vecinos.

El juez del caso, Alan Goldsack, de Sheffield (Inglaterra), explicó que ahora es necesario aclarar por qué los servicios sociales y sanitarios fallaron a la hora de reconocer y evitar los abusos a pesar de ver los continuos embarazos de las dos mujeres.

La bola se hace más grande con los detalles de la historia de Shannon Matthews, una niña de nueve años que desapareció durante 24 días y fue encontrada luego bajo la cama de su tío, en una casa muy próxima a su domicilio, totalmente drogada. Los servicios sociales también tenían localizada a su madre, una mujer de 32 años, que vivía con sus cuatro hijos (cada uno de una pareja) y con su actual novio, un chaval de 22 años, que ahora ha sido detenido por posesión de pornografía infantil. De nuevo, se llegó demasiado tarde

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