Presión rusa

Lukoil no es la mejor opción para Repsol y el mercado español, a pesar de la urgencia de Sacyr

21/11/2008

La hipótesis de que la compañía petrolera rusa Lukoil adquiera hasta el 30% del capital de Repsol vuelve a poner sobre el tapete el temor de Europa al agobiante dominio del gas y el petróleo de Rusia sobre los mercados energéticos europeos, y las debilidades de la política energética española, que ha dilapidado varios años de tranquilidad corporativa sin que se hayan podido consolidar los controles de capital español sobre las empresas estratégicas de la energía. Ahora se aprecian con claridad las debilidades de asociar una empresa constructora como Sacyr, afectada hoy por las urgencias crediticias propias del crash inmobiliario, a la estabilidad corporativa de un grupo energético como Repsol, tan importante para los intereses españoles.

Sólo la importancia de esos intereses justifica que el Gobierno español tenga la última palabra en esta operación, por más que sea un negocio privado. Pero hay más argumentos. Repsol no es sólo una empresa dominante en el mercado de los combustibles, líder por su capacidad de refino y una avanzadilla inversora en América Latina. Además, está situada en el punto neurálgico del mercado del gas y de la electricidad en España, puesto que posee una participación del 30% en Gas Natural y participará, a través de esa cuota, en la adquisición de Unión Fenosa. El desembarco de Lukoil en Repsol obligaría casi de inmediato a considerar una separación accionarial de Repsol y Gas Natural, para evitar que el grupo ruso controle de una tacada el meollo del mercado energético español.

La percepción del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, sobre la negociación de Sacyr con Lukoil es muy poco matizada. Considera que Lukoil es una empresa privada, puesto que la estadounidense ConocoPhillips es su accionista principal. Pero no es lo mismo una empresa privada en Europa, donde se respetan las fronteras entre los intereses públicos y privados, que en Rusia, donde los grupos privados también pueden convertirse en instrumentos de presión para obtener ventajas políticas sobre otros países. Rusia tiende a utilizar su producción de petróleo y gas para presionar e imponer sus razones estratégicas, y de ahí nacen las reticencias de los Gobiernos y las autoridades comunitarias a dejar entrar capital ruso.

El presidente debe recordar sobre todo que el Gobierno tiene la responsabilidad imperativa de garantizar el suministro energético de la población; y que esa responsabilidad implica que no puede haber desabastecimiento de petróleo o gas porque los intereses de suministro de otro país o sus tácticas políticas se impongan sobre las necesidades españolas. Por ello, cabe concluir que Lukoil no es el mejor socio para Repsol. Quizás el Gobierno cree que estos graves inconvenientes pueden prevenirse con una estricta exigencia contractual de prioridad de suministro y aportaciones financieras. Pero debe ser consciente de que es muy probable que esas garantías no sean suficiente para evitar la percepción de que el centro donde se tomarán las decisiones será el Kremlin.

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